
"Era un jueves por la noche, estaba contemplando la luna mientras mi padre entró preocupado, el trabajo era cansado y los problemas empezaban a crecer, no lo entendía.. en ese entonces era solo una niña. Se acercó a mí y me dijo:'te amo mi niña, vete a dormir' Recuerdo que vi algo diferente en sus ojos ya no tenían el mismo brillo de ayer, simplemente tenían humedad. Me fui a dormir. Por la mañana mis papás discutían, hablaban sobre una mujer y sobre un beso, sobre un abrazo y una llamada, para ese entonces no entendía, era solo una niña. Mi papá salió con sus maletas, dejó el traje de superheroe y agarró las llaves de su carro... no llamó hasta en la tarde, me enojé mucho con mi mamá. Pregunté por mi papá, ella me dijo que no iba a regresar... la culpé de todo lo que estaba pasando, ella me abrazó muy fuerte y me calló con un beso. Cuando menos me lo esperaba, crecí y entendí de que beso hablaban, y recordé cuando mi papá era un superheroe y me dí cuenta de la realidad."
Esto es un poco de lo que podemos leer en el diario de Lucía, quien recordaba lentamente el pasado y estaba siendo golpeada por éste. ¿Quién pudiera entender a Lucía? ¿podemos entenderla al saber que su "superheroe" no lo es mas? A veces dudamos de las cosas que son obvias simplemente por el mismo miedo. Nos volvemos ignorantes "porque sí". No es necesario que seamos fuertes todo el tiempo, a veces es bueno llorar y pedir ayuda, aunque sea ayuda a los versos... al corazón y a los sentimientos.
Volvamos al tema de Lucía, está descubriendo lo que de verdad era ese "superheroe" un ser humano, con errores y confusiones, un ser humano que fue infiel a lo que había prometido... un simple mortal. ¿Cuántas veces hemos dudado de nosotros mismos? Conocemos la verdad y no la queremos aceptar, luchamos contra la misma. Si estamos seguros de una verdad tenemos que luchar contra la mentira que intenta derrotarnos y no entreguemos superpoderes a un simple mortal, pues cada vez que se quite la mascara nos va a decepcionar. Y más aún... si no sabe pedir perdón.
Muy bien la entrada. Un simple mortal te va a fallar. Solo se me ocurre escribirte lo que aconsejaba -como casi siempre hago- San Josemaría ;) "Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. —No me parece mal.
ResponderEliminarPero... ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?"
Proba... Ya vas a ver :)
Todos los mortales tenemos errores, así que tarde o temprano fallamos en algo, o a más peor, a alguien. Besos
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