viernes, 16 de marzo de 2012

Cuando la razón gana.


"El deseo de volver a verte aparece desde que el primer rayo de luz entra en mis pupilas, desde que la primera letra es plasmada en mi cuaderno. La necesidad de hablarte se nubla con este orgullo que no tiene cura... Unos le llaman dignidad.

Me arrepiento de no haberte besado, de no haberte acariciado una última vez y es que nada puede llenar el vacío que dejaste. Nadie puede entender por qué yo sigo escribiendo tu nombre en cada espacio de mi corazón; y aunque los hechos dicen que no piensas más en mí, cada minuto que duran mis recuerdos a tu lado me dice que este amor es infinito. ¿En qué me equivoqué? ... Y si no me equivoqué, ¿Por qué estos segundos tienen el sabor amargo del error?

Recuerdo el día en el que te fuiste, ese en el que no pude decirte adiós... ¿Ahora qué hago con el futuro que habíamos planeado para los dos?"


¿Quién me manda a ignorar al corazón para escuchar a la razón?

La razón es fría y radical, nunca duda ni se arrepiente. No llora ni se marchita. El corazón es todo lo contrario, es frágil y flexible ante las situaciones... Hace lo imposible cuando se tiene que amar, pero no le interesa ganar. A veces hace que tu cuerpo se encoja del dolor, te hace llorar con mucha pasión y extrañar sin razón. En resumen, el corazón y la razón son como el agua y el aceite. La razón es el consejero y el corazón el pequeño desobediente.