jueves, 26 de abril de 2012

¿En qué momento sabes que fracasaste? ¿Cómo te das cuenta de ello? ¿Será cuando comienzas a hacer las cosas "porque si"? Esas y otras preguntas han invadido mi cabeza y la dura tarea de responderlas se ha convertido en mi insomnio y en mi falta de paz... No es fácil llegar (o más bien regresar) al lugar donde empezaste, mucho menos puedes saber en qué lugar vas a terminar. Lo único que se sabe es en donde estás ahora, ya sea en un lugar solitario sin nada más que un lápiz y un cuaderno o en un lugar lleno de gente que pretende estar feliz.

Quisiera estar en ese mundo paralelo del que todos hablan, donde no existen las preocupaciones ni las dudas, donde ser feliz es el estado normal... Pero ese mundo paralelo no existe (o por lo menos no lo he encontrado). El mundo en el que vivimos te enseña que el alcanzar tus sueños tiene que ser tu meta; sin embargo, es el mismo mundo quién te evita que lo hagas poniéndote todo tipo de obstáculos, por eso creo que no pertenezco aquí. (Solo a mi mundo). Hoy perdí todas mis fuerzas para seguir luchando, se me olvidó como continuar y, sin previo aviso, las dudas entraron a mi vida dispuestas a ganar.

¿La tranquilidad tiene un precio tan alto? ¿Es por mi falta de fe?

Ya no se por qué camino ir... No dejé huellas para saber por dónde he caminado. Estoy perdida. Dicen que cuando lo pierdes todo es el momento justo para empezar de nuevo... ¿Cómo se hace eso? La verdad es que encontrarle la lógica a esa frase es mucho más difícil de lo que pensé.

En la vida hay tres maneras de ver las cosas: 1. Como yo quiero verlas 2. Como las ven los demás 3. Como son en realidad. La tercera suele ser la más difícil de aceptar.


Tan fácil que se ve dejar todo por lo que una vez luchaste cuando el miedo se vuelve tu prioridad, tan fácil que es sentirte solo cuando no confías en nadie porque crees que no van a entender por lo que pasas. En algún momento todo se convierte en una antítesis.

Sabes que algo está mal cuando hasta el vino te sabe amargo. Me muero encerrada en mis problemas y nadie lo sabe. Es lo mejor. ¿Cómo le das fuerzas a alguien cuando tu ya las perdiste todas?

Cuando callar, cuando hablar o cuando actuar se vuelven cosas complicadas cuando no sabes ni quién quieres ser ni hasta dónde quieres llegar. Pero... ¿quién me entiende? ¿Qué tan difícil es saber quién quiero ser?