lunes, 11 de octubre de 2010


"¿Como escribir lo que siento si no puedo decir lo que pienso?" Se preguntaba la escritora, mientras finalizaba un día muy cansado en el trabajo.
En la mañana siguiente, la triste escritora desapareció, no dejó recados ni notas... solo un cuaderno rosado, los periodistas que la buscaban lo leyeron, pero ninguno entendió el contenido de ese cuaderno, lo soltaron y lo colocaron en el sillón rojo de la habitación de la solitaria escritora. El compañero de historias de la escritora fue a buscarla pero no la encontró, observó cada detalle de la habitación, las paredes color blanco, los cuadernos en el escritorio, lapiceros de colores y en el sillón rojo estaba el cuaderno, el joven lo sostuvo en sus brazos como quien sostiene un tesoro, lo abrió y encontró el mensaje de la escritora que decía así:
"A quién corresponda:
No se quien soy ni donde estoy, no se que escribo ni que canto... pero siempre te tengo en mi mente. Inútil es decir un te quiero cuando representamos un 'no me importas', esta vida está cada vez peor, los problemas te consumen y te vuelven pequeña (como una hormiga) el amor ya no existe y el miedo se vuelve tu dueño. ¿Qué sentido tiene componer una canción sin sentirla? lo mismo pasa con el amor... ¿que sentido tiene escribir sobre él cuando no puedes decir exactamente lo que piensas? Esperar se vuelve irritante cuando se trata de encontrar lo que buscas... y ¿que pasaría si te digo que ya lo encontré, pero no puedo sentirlo? No se si alguien pueda entenderme, y no es eso lo que busco... solo quiero ser escuchada, que me importa si comentan cosas buenas o hablan pestes de mi, solo quiero decirte que yo te siento. ¿De que te sirve mirar mil cosas lindas en un día cuando te callas un millón de cosas puras y sinceras?
Nosotros somos culpables de nuestra tristeza, vemos señales donde no las hay y creamos una obra sobrenatural y demasiado especial en un paisaje de indiferencia e injusticia y digo injusticia porque no siempre tenemos lo que merecemos... o quizas si. Es por eso que, si estas leyendo esto, es porque mi mensaje te interesa... te interesa conocerte y saber que quieres de verdad, te interesa descubrir lo que estas buscando y escribir una canción que solo la puedas entender tu. Quiero decirte que no quiero ser encontrada, solo quiero que me extrañen, que los falsos comiencen a hablar sobre mí y que mis amigos de verdad me defiendan, quiero encontrar lo que tanto busco, y si ya lo encontré... quiero abrazarlo y nunca dejarlo ir, quiero que escuchen lo que intento decir y que nadie me juzgue sin conocerme... quiero decirte que si estas leyendo es porque quieres saber sobre mi, sobre lo que me tiene mal y sobre lo que me preocupa. Me pone mal la ilusión, las lagrimas y en cierto punto el amor... porque ninguna de esas cosas es como piensas... son tres cosas que te dejan siempre una huella, me pone mal ser la protagonista de una obra de teatro donde el drama es lo esencial... ya no quiero mas. Me preocupa el hecho mismo de ilusionarme, de buscar y nunca encontrar, de perdonar y perder mis oportunidades, de conocer a mas personas y despedirme de otras. Pero ¿sabes que? No quiero encontrar lo que busco, no quiero decirte lo que pienso y quiero tenerte así, conmigo y sin complicarnos. Nada de lo que leíste es real... y si TU lo entiendes tienes empezarte a preocupar, o puedes sonreír como yo, estoy bien."
El joven secó sus lagrimas, dejó el cuaderno donde lo encontró... se retiró y nunca mas regresó, pero desde ese día compone canciones para la escritora que, ademas de historias eternas de amor, entre lineas y párrafos ella se robó su corazón.

4 comentarios:

  1. muy bonita nota.
    me sorprende el sentimiento que viene impregnado
    en cada escrito, cada vez dejas una huella muy singular en tus notas.
    sigue asi.!
    bendiciones Lari.

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  2. Muchísimas gracias por leerme siempre, bendiciones (k)

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  3. Especial reflexión me merecen las líneas donde se platea la necesidad de abrazar y no dejar ir lo que se busca, después que ha sido encontrado, desde luego. Y es que pienso que la vida nos enseña con tarde o temprano con experiencias más o menos memorables, que quedarnos sin algo que hemos encontrado no siempre depende de nosotros y e entonces cuando empezamos a entender que no nos debemos aferrar a nada. Ni siquiera a lo que siempre ha estado allí y no hemos tenido que buscar, por que la misma vida se nos va de las manos cada uno de los días que la tenemos y por eso es que no vale al pena aferrarnos si no más bien, hacer lo mejor que podemos para gozar de lo que tenemos aprendiendo a quererlo como si lo hubiéramos deseado y estar siempre preparados para lo inevitable y lo impredecible.

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